El caso de las hermanas Mitford

04 Septiembre 2014
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"The era of fascism –ha escrito el maestro Stanley G. Payne- recedes farther and farther into history, yet in political rhetoric it seems to be ever with us" ("El fascismo paradigmático", kosmos-polis, Enero 2014). La retórica política puede ser insultante (y en el caso del fascismo es lo que ha predominado) pero, muy excepcionalmente, puede tener una intención exploratoria crítica, heurística e hipotética. Hace casi un lustro escribí y publiqué un ensayo precisamente sobre una de estas formas posiblemente retóricas, el fascismo progresista ("El fascismo progresista. Reflexiones sobre la obra de Jonah Goldberg", La Ilustración Liberal, Madrid, 2010). Me refería al "fascismo progresista", traduciendo la expresión de Jonah Goldberg, Liberal Fascism (1), pero en rigor todo fascismo es progresista, si por progresismo se entiende su carácter izquierdista-estatista, anti-capitalista, anti-liberal y anti-conservador, así que habría que emplear más bien la expresión "progresismo fascista", presuponiendo que hay otro progresismo democrático o liberal-constitucional, aparte del que equivocadamente o no se considera el genuino, es decir, el de las izquierdas convencionales (populistas, socialistas, comunistas, anarquistas y sindicalistas).

El caso de las hermanas Mitford es ilustrativo de este tipo de fascismo light progresista, generado en un ambiente civilizado y en una cultura política liberal y de izquierdas, que no adoptó el tono radical, abrasivo y violento de los fascismos típicos, como el alemán o incluso el más moderado italiano. Asimismo es un caso, entre otros, que nos permiten explorar la posibilidad de, más allá del "fascismo paradigmático" diluyéndose con el paso del tiempo, como sostiene razonablemente el profesor Stanley G. Payne, de esbozar una fenomenología nueva de un "fascismo genérico", teniendo presente, como ha subrayado este mismo autor, sin duda el más importante especialista en la materia, que el fascismo es la ideología más característica y original del siglo XX. Nuestra hipótesis es que este fenómeno ha llegado a impregnar o contagiar a casi todos los sistemas políticos contemporáneos, incluidos los democráticos, generándose sus manifestaciones tanto en el ámbito público como el privado (véase, por ejemplo, aparte de la obra de Goldberg -con las reseñas favorables entre otros de Tom Wolfe, Thomas Sowell y de Daniel Pipes-, el artículo mío mencionado, el ensayo de Joaquín Martínez de la Rosa, "Del Gran Gatsby al Gran Hermano: la cara amable del autoritarismo progre americano", kosmos-polis, Diciembre 2013; desde una perspectiva simétrica convergente, Percival Manglano, "¿Hay alguna dictadura que no sea de izquierda?", Libertad Digital, 26 de Marzo de 2014, y asimismo Ian Vásquez, "El fascismo del siglo XXI", Libertad Digital, 7 de Abril de 2014).

Como subraya el profesor Payne, las dos características propias y singulares del fascismo clásico (exaltación de la violencia al modo soreliano, y filosofía vitalista-activista) han desaparecido en la escena política europea contemporánea, aunque sobrevive la primera en los nuevos movimientos radicales anti-globalización y anti-sistema, de okupas/indignados, y en ciertos estratos de la cultura de la sociedad civil occidental (en que el cine violento es solo una manifestación, terapeútica o no), y la segunda, en un sentido más profundo y eficaz, en expresiones filosóficas y culturales del mundo europeo y anglo-americano, como el reformismo utilitarista y fabiano, el pragmatismo, el fundamentalismo religioso, el voluntarismo y activismo populista-progresista, o las corrientes de pensamiento posmodernas que proponen la revisión histórica desde perspectivas subjetivistas arbitrarias, como por ejemplo la Ley de Memoria Histórica del gobierno Zapatero en España. No es ajeno a todo ello lo que el filósofo Roger Scruton ha descrito agudamente como "Totalitarian Sentimentality" (The American Spectator, Dec. 2009-Jan. 2010), que estaría en la base de este nuevo tipo de fascismo progresista, coincidente con el ideal buenista-progresista y su expresión estética, el delirio kitsch. El escritor checo Milan Kundera (en su novela La insoportable levedad del ser, publicada en el emblemático año orwelliano 1984) ya advirtió que el kitsch es el ideal estético del totalitarismo, eliminando de su punto de vista todo lo que en la existencia humana resulta inaceptable, para convertirse en la estación de tránsito entre el ser y el olvido. Efectivamente hay mucho kitsch en la mentalidad de las hermanas Mitford que, parafraseando a Hannah Arendt, explicaría el caso o síndrome de una hipotética y paradójica banalidad totalitaria (comunista, nazi o simplemente fascista).

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