La Transición, tan ejemplar como imperfecta

22 Febrero 2016
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La Ciencia Política sigue manteniendo la tendencia de valorar el mito como una disfunción, y lo rechaza como método de análisis político. Pese a ello, han sido y son muchos los politólogos, pensadores, filósofos y sociólogos que han venido analizando y construyendo un discurso sobre la teoría del mito, de lo mágico e inexplicable, desde muy diversos aspectos. Tal contradicción, se presenta en la Ciencia Política desde el mismo instante en el que se discute si ella misma es en realidad una 'ciencia', al utilizar los métodos de las Ciencias Sociales y carecer de una metodología propia.

La Transición, pese a que puede analizarse y estudiarse desde todos los prismas y ópticas, ha sido elevada a la categoría de mito al menos durante dos décadas y media, al valorarse como un dechado de virtudes y de perfección, para pasar, posteriormente a ser cuestionada y negada desde su propia raíz y esencia por un número de voces cada vez más creciente. Y si bien es cierto que en sus primeros años fue modélica, también lo es que el desarrollo que de la misma han hecho las mediocres élites de una partitocracia que la han manipulado y secuestrado por sus espurios intereses de casta oligárquica, han forzado que aflore sus importantes imperfecciones.

El inicio de la Transición puede tener muchas fechas, pero si damos por bueno que su tránsito se llevó a cabo tras el óbito de Franco y la coronación de Juan Carlos -del régimen autoritario a la democracia-, el camino recorrido en estos cuarenta años los podemos dividir en tres etapas diferentes: la etapa constituyente-constitucional de 1976 a 1981; Ley de Reforma Política, debate constitucional y Constitución del 78, hasta el 23 de febrero de 1981, que marcaría un punto de inflexión. Tal período se caracterizó por la ruptura pactada, el consenso y concordia, para pasar al desencanto y la conspiración abierta contra el presidente Suárez, hasta la operación institucional de un gobierno de concentración consensuado entre el magro del sistema, que sería presidido por el general Alfonso Armada Comyn, un hombre de absoluta lealtad al monarca, y cuya espoleta fue la ocupación del Congreso y secuestro del gobierno y diputados por el teniente coronel Tejero. La segunda etapa estaría marcada por los efectos sicológicos del golpe del 23-F, entre 1981/1982 hasta 2004. Dicha etapa sería de estabilidad y desarrollo democrático y de gran progreso económico, pero también de un desarrollo perverso de la España caciquil autonómica, abducida por las minorías nacionalistas-separatistas, una corrupción generalizada, la eliminación de los mecanismos de control del ejecutivo, el control político de los órganos jurisdiccionales y de la Justicia, nefastas leyes de educación y dilución de la nación en las comunidades autónomas. Y la tercera etapa, que es la actual, y está aún por cerrarse, iría desde el triunfo de José Luis Rodríguez Zapatero en 2004, hasta un final que se percibe cuando menos incierto tras la elecciones del 20 de diciembre de 2015. Dicho período se abre con los atentados del 11-M, que cambiaron el previsible resultado electoral de las elecciones del 14 de marzo, y constituyen el mayor agujero negro de nuestra historia más reciente. La designación de un presidente socialista que intentó romper con el espíritu de la Transición y quiso buscar una nueva legitimidad ideológica en el fracaso de la Segunda República, la Ley de Memoria Histórica, los pactos con la banda terrorista ETA, la concesión de nuevos estatutos que condujeron al desafío separatista abierto, la corrupción sistémica política, la irrupción de nuevos actores políticos, el final de un bipartidismo falseado y la deconstrucción, en definitiva, de España como nación a cambio de un Estado de burócratas, que ha mantenido y continuado Mariano Rajoy durante su legislatura de mayoría absoluta entre 2011 y 2015.

El período de la transición política española ha sido analizado y estudiado desde diferentes ángulos y perspectivas a lo largo de las últimas décadas en forma de memorias, crónicas, ensayos y relatos históricos. Diversos políticos que tuvieron su propio protagonismo en la citada etapa, han dejado escritos sus testimonios, así como periodistas, analistas e historiadores. Dicho período ha interesado por la forma cómo se condujo el tránsito del régimen autoritario hacia la democracia y, muy especialmente, por el intento de golpe de Estado del veintitrés de febrero de 1981, que, sin duda alguna, marcó el punto de inflexión en la misma. Haremos referencia al mismo más adelante. La gran mayoría de los trabajos sitúan sus primeros pasos en la coronación del rey Juan Carlos, la designación de Suárez como presidente en julio de 1976 y la aprobación de la Ley de Reforma Política en noviembre del 76. Y con ser ello bastante cierto, sin embargo, no hay prácticamente estudios que sitúen la Transición desde sus precedentes históricos en el franquismo, algo imprescindible y que explicaría que ésta se pudiera llevar a cabo de forma pacífica, sin confrontación ni violencia, en una sociedad evolucionada estable y madura.

En la década de los cincuenta el franquismo experimentó dos importantes transformaciones: en el aspecto político, Franco intentó institucionalizar su régimen dentro de una cierta ortodoxia 'falangista', pero fracasó. Y tal fracaso condujo a su régimen personal hacia el movimiento comunión-autoritarismo burocrático. Y en el ámbito económico, se vio obligado a aceptar el modelo capitalista de las democracias occidentales -tan denostadas por él-, viéndose forzado a abandonar los principios de la autarquía. Es interesante señalar que ya en aquel momento (abril de 1956), uno de los hombres fuertes del régimen, José Antonio Girón, le predijo a Franco en una carta clarividente, que el sistema jurídico sobre el que se asentaba el Movimiento le impedirían perpetuarse, y que llegado el momento de sustituir al Caudillo todo se acabaría. En febrero de 1957 el franquismo tenía ya fecha tasada de caducidad.

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