Conversación con Alfonso Guerra

11 Enero 2014
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Animal político donde los haya, Alfonso Guerra tiene fama de ser contundente; lo fue durante los años de lucha antifranquista, luego en la oposición democrática, más tarde en el gobierno de Felipe González y en su propio partido, y lo sigue siendo hoy en el respiro de quienes siempre prometen volver a la carga... Un hombre público cuestionado, objeto de amores, iras y temores. De él se podría saber casi todo dada su naturaleza de hombre expuesto; sin embargo, Guerra permanece inédito en buena medida. ¿Cómo lo ha conseguido? En esta entrevista nos habla por primera vez de temas nunca antes abordados. Nos habla de Dios, de su concepto de España, de su visión del hombre, de las trampas de la política, del callejón difícil en el que nos encontramos. Un Alfonso Guerra, en, definitiva, al descubierto, en la intimidad de las grandes razones.

¿Es Alfonso Guerra el personaje cruel, demagogo, déspota, corrosivo, intolerante e insultante que se nos ha presentado, aunque sea en un cliché? O por el contrario, es una persona sensible, romántica profunda, modesta, sentimental, trabajadora y culta, como afirman sus amigos. Fuera de micrófono afirma que su situación es muy estable dentro del Psoe y en su relación con Felipe González. Sigue comiendo muy poco y duerme aún menos, enganchado a la lectura. Nos confiesa que en las primeras confrontaciones electorales se pasaba los veintisiete días de campaña sin echarse una sola hora en la cama. Y nos muestra la colección de dibujos con motivos taurinos, canales venecianos y grabados infantiles que en los ratos libres hace para sus hijos Alma y Alfonso, sus dos grandes pasiones, y que siempre lleva cuidadosa y celosamente guardados en un cuaderno de gruesas tapas envuelta en cinta de color azul. Alfonso Guerra sigue siendo un objetivo nacional de la era felipista. En las próximas el lector va a poder conocer a un Alfonso Guerra absolutamente inédito y seriamente preocupado porque muy posos se atreven hoy a defender el concepto España.

Pregunta.- ¿Se corresponde este momento con el tiempo vacío de un mundo viejo que muere?

Respuesta.- Con un mundo que muere sería quizá utilizar una expresión fuerte, muy dura. Creo que cuando algo muere algo nace. Tengo la impresión de que estamos en el umbral de una nueva sociedad, de la que hoy día no se tienen aun las claves para prever de que nueva sociedad se trata; pero sin duda, la revolución que se está produciendo en el mundo es una revolución tecnológica que va a tener unas consecuencias, a mi juicio, mucho más importantes que la que tuvo la primera revolución industrial, que cambió prácticamente el mundo. Y en esta revolución tecnológica hay unos elementos más importantes que otros; uno de ellos es el de la comunicación. Hoy la gente conoce en tiempo real lo que está pasando en cualquier parte del mundo. El mundo, la famosa aldea global, se ha quedado absolutamente pequeño, y eso tiene extraordinarias ventajas, pero también tiene algunos inconvenientes.

P.- ¿Como cuáles?

R.-Por ejemplo, hoy día nosotros podemos conocer en cualquier instante y en tiempo real la muerte en Bosnia por violencia, o por falta de medicamentos o de alimentos en un país africano. Pero es que ellos también conocen lo que consideran la superabundacia de alimentación en nuestra zona, en el mundo industrializado, desarrollado; porque, incluso, en los lugares más remotos y mas pobres la antena de televisión no falta y lo mismo que nosotros sabemos que allí se muere de hambre, ellos también saben que aquí se muere de colesterol, de sobreabundacia. Hay países africanos a los que llega la televisión occidental, europea, y ven como a un gato se le alimenta con una cucharilla de plata, con alimentos especialmente preparados; se le habla de tiendas, de comidas para gatos, para perros. Esa persona no puede entender que si hace la travesía hacia el mundo de la riqueza, según entiende él, no vaya a ser alimentado al menos como al gato que ha visto en la televisión; y, de ahí, que uno de los grandes fenómenos que se van a producir justo con esta revolución de la comunicación y del conocimiento en tiempo real, va a ser el flujo migratorio, algo desconocido absolutamente en la historia anterior. Y otra de las cosas que están por cierto muy de moda, pero que llevan muchos años gestándose, es la revolución genética. Ahora se está hablando de la clonación, pero no sólo es la clonación: es la fecundación in vitro, es la fecundación artificial, es la pérdida de valores tradicionales con la nueva tecnología que va a dar lugar a una sociedad absolutamente nueva en la que probablemente veamos la resistencia del hombre contemporáneo a aceptar que dentro de muy pocos años la sociedad va a ser absolutamente distinta de la que hoy vivimos.

P.- ¿El mundo actual tiene fisuras o grietas? Es decir, ¿estamos en una crisis coyuntural o de estructura del sistema.

R.-Tengo la impresión de que estamos viviendo una doble crisis: por una parte una crisis cíclica del capitalismo -no una crisis del estado de bienestar, como están intentando decir, que no es más que la manifestación de la crisis del capitalismo- y, por otra parte, un cambio mas profundo que nos va a llevar a una sociedad que por calificarla de alguna manera la podríamos calificar de poscapitalista. Creo que el capitalismo, tal y como lo hemos entendido nosotros tradicionalmente, desde el comienzo de la época de la industrialización en el mundo, va a dar paso a una situación nueva que será poscapitalista, en cuanto que, las relaciones internacionales han dado al traste con todas la reglas que había en el llamado libre mercado, que nunca ha sido libre y hoy es menos libre que nunca. Sin embargo, no hay una organización política internacional que se corresponda con esta organización económica internacional. Probablemente estamos abocados a una organización política de una fuerza internacional mucho mayor que lo que representa la ONU o incluso la Unión Europea en estos momentos.

P.- Es lo que se llama mundialización, ¿no?
R.-Posiblemente a una mundialización en todos los aspectos.

P.-¿Si estamos inmersos en ese proceso de mundialización, es positivo que los pueblos pierdan sus raíces?

R.-Creo que los pueblos no van a perder sus raíces. Aquí va a ver una especie de vectores en distintos niveles: al tiempo que una homogeneización por la mundialización en todas la relaciones, los pueblos van a ser muy celosos de estar anclados en sus propias raices; es decir, que la pluralidad de la cultura cada vez más local, no ya nacional sino local, va a ir al compás de una mundialización de las grandes decisiones, pero agarrandose la gente a su propia cultura, a su propia lengua, a su propia historia, justamente porque ve en riesgo su perdida en cuanto que las relaciones son muy mundiales.

P.-¿Hay algo que no esté en crisis en este momento?

R.-Hombre, sí, las relaciones humanas.

P.-¿Qué lugar ocupan los valores morales, espirituales, éticos....?

R.-A mí me parece que ocupan un lugar importantísimo. Bien es verdad que las organizaciones colectivas de la sociedad y hablo de todas: culturales, sociales, políticas, medios de comunicación, no les están dando la importancia que creo deberían tener. Pero desde el punto de vista del ser humano, el afecto, el amor, las relaciones con las personas a las que se ve habitualmente, no han perdido vigor, más bien, lo han ganado en los últimos tiempos. Ante tantas incertidumbres, el ser humano está pretendiendo buscar una especie de hogar cómodo en el que vivir, que le defienda de la agresividad del medio interno, por eso quizá se ha vuelto un poco a la vida en la casa. Cada uno quiere construirse su casa con una enorme comodidad, con una enorme sensación de placer respecto a lo de fuera: la inseguridad, la agresividad, los sonidos, los ruidos, la destrucción del medio ambiente, hace que el ser humano se esté replegando hacia un cierto individualismo, que, a mi juicio, no es el individualismo posesivo sino un individualismo solidario.

P.-¿Qué valores en crisis destacaría ?

R.-Hay dos valores tradicionales que se van a poner en crisis de una manera definitiva: el trabajo y la familia. El trabajo, porque es un bien escaso, y va a serlo cada día más, y esto algunos no lo quieren entender. Porque no es sólo que las máquinas y la robótica estén desplazando al trabajador en su puesto de trabajo, es que están haciendo que deje de ser el elemento central de la producción. Antes los trabajadores tenían una fuerza extraordinaria porque ellos eran el elemento fundamental de la producción. Hoy, no son el elemento fundamental de la producción; hoy, el sistema productivo puede funcionar sin el concurso de un número determinado de trabajadores y, en adelante, será más así, cada día se sustituirán más. Y la familia también atraviesa una profunda crisis con las nuevas tecnologías y con la tolerancia de las relaciones personales, que son hoy mayor que antes. Estos dos elementos o valores, que eran los dos pilares de la sociedad occidental, son, para mí, los que están más en crisis, o, al menos, los que tienen mayor incidencia en la sociedad.

P.-¿Cómo cree que será la familia del futuro y qué valor ocupará la pareja?

R.-El valor de la pareja es distinto del de la familia. Creo que la pareja, quizá, lo que ha tenido es una transformación en cuanto a la temporalidad. Hasta hace poco la pareja tenía un concepto de temporalidad muy larga, mientras que hoy tiene un concepto más reducida, más corta; ya no escandaliza a la sociedad contemporánea que haya en el tiempo un menor espacio de la pareja, pero sin embargo, en el espacio más largo o más corto, la pareja sigue teniendo un componente esencial.

P.-¿Y qué valor ocupará el amor en la pareja y en la familia?

R.-Luis Cernuda decía más o menos que al amor sólo hay que pedirle un instante, pero ese instante corresponde a la eternidad. El amor sigue siendo un elemento absolutamente extraordinario, por lo que llena al ser humano el instante de compartir con otra persona ese amor y porque le coloca en una situación límite al estar enamorado; límite para todo lo demás, no sólo para la práctica de la relación amorosa con una persona, sino para todo lo que enfoque en la vida. Le pongo un ejemplo: uno puede disfrutar muchísimo en un concierto desde el punto de vista cultural, estético o placentero, pero disfruta de una manera diferente si cuando está viviendo en el concierto un vibrante final de sinfonía, la persona de la que está enamorada, le toma, le aprieta la mano mientras oye la música. Aquí hay un elemento de sublimación totalmente diferente si no existe el amor; es decir, la pareja va a existir en cuanto a la relación de situación límite de estar enamorada y lo que va a cambiar o está cambiando de una manera extraordinaria, son los lazos familiares.

P.-¿En qué manera?

R.- Hoy día, curiosamente por la otra crisis del trabajo, los jóvenes se separan de la familia más tarde que antes, sin embargo tienen una capacidad de independencia muy grande y una capacidad de aceptación de la independencia de los demás muchísimo más grande en valor relativo que la suya propia. Me explico con mas claridad: si los jóvenes han ganado independencia, los mayores han transformado progresivamente mucho más su tolerancia de la independencia de los jóvenes hasta el punto de que hoy la crisis generacional está muy debilitada respecto a lo que ha sido siempre y el choque secular entre los jóvenes y sus padres hoy se resuelve de la manera más paradójica: son los padres quienes imitan a sus hijos; imitan su manera de vivir, sus gustos, sus costumbres. Lo contrario de lo que existía antes donde el padre se imponía y el hijo se rebelaba de la imposición de las costumbres. Ahora, los mayores imitan a los jóvenes hasta el punto de que en la sociedad española hoy la barba, por ejemplo, generalmente sólo la llevan los padres imitando a los hijos del 68.

P.-¿Y en el trabajo de qué forma va a cambiar?

R.-El trabajo tal y como lo conocemos tradicionalmente se va a transformar de una manera espectacular. Va a haber más ocupación que trabajo; es decir, va a haber actividad pero no va a ser una actividad productiva, sino una ocupación social, cultural, de ocio, medio ambiental, que no son productivas. Estas actividades tendrán ocupadas a las personas, pero la producción de objetos los harán las máquinas con un escasísimo concurso de las manos y de la inteligencia de las personas.

P.-¿El concepto amor en un sentido tan real como sublime puede ser el valor que redima de sus problemas a la sociedad?

R.-Tradicionalmente había una manera de escapar de la alienación a través de relaciones de sublimación personales. En su casa cada uno era el rey y, para entendernos, aquel pequeño centro de poder servía para eludir la responsabilidad colectiva. Tengo la impresión de que todo ese papel de alienación que antes se decía desde muchos sectores que lo representaba la religión, ha cambiado mucho y hoy la alienación proviene mas bien de los sistemas de información, no sólo de lo que llamamos medios de comunicación sino de todos los sistemas de información. Y Ahí sí que hay una capacidad directísima de engañar y de dejarse engañar, esto es, de autoengaño. En alguna ocasión he citado el fenómeno de la guerra del Golfo, que nos fue ofrecida pretendidamente en directo por primera vez por televisión y la verdad es que no vimos nada. Vimos a un señor en la terraza de un hotel, pero el mundo entero llegó a la conclusión de que había visto una guerra que estaba siendo transmitida en directo y, la verdad, no habíamos visto nada en directo. Esto quiere decir que hay una cierta alienación que difícilmente son categorías paralelas para que puedan redimirse por el amor, porque son otras categorías. El amor, tiene hoy un elemento de autonomía personal que no está en relación con la fuga de una sociedad que le cause disconformidad o displacer al sujeto del amor.

P.-Autores como Habermach, Vattimo, Braudillard y Lypovestky, entre otros, dicen que el mensaje del racionalismo está periclitado, ha fracasado. También afirman que la postmodernidad es hija de la modernidad y en el fondo la niega ¿Nos hemos pasado de postmodernos?

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